viernes, 17 de diciembre de 2010

Triduo al Bienaventurado San Lázaro


Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi Creador y Redentor, postrado humildemente a tus divinos pies tenéis a uno de los más abominables pecadores; pero lleno de comisión y vergüenza; me arrepiento de todos mis pecados, y si por tu suma bondad no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, yo espero, mediante tu misericordia y el firme propósito que hago de nunca mas pecar, que me concedas el perdón de todos mis pecados y tu divina gracia, para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida y para gozarle después en la gloria eternamente.
Amén

Oración para todos los días

Jesucristo amorosísimo, que por tu gran misericordia en la historia de tu siervo San Lázaro, nos ha señalado la mejor moral para que tengamos conformidad en las adversidades de esta vida; yo te suplico, Señor, por tu inefable caridad, que limpies mi alma de toda imperfección, para que mas conforme a tu agrado, practique el piadoso ejercicio de este triduo, que a tu honra y gloria consagro y me alcancéis por intercesión de tu fiel siervo Lázaro la gracia que te pido en estos tres días de rogativas, en los cuales prometo practicar algún sacrificio en honra de tu "amigo" Lázaro para que juntos te glorifiquemos en el cielo.
Amén

- Aquí se pide la gracia que se desea conseguir por intercesión del milagroso Santo.
- Tres Padres nuestros, Ave Maria y Gloria Patri en honor de la Santisima Trinidad.

Día primero

Gloriosísimo patrón de los pobres, Padre mío San Lázaro, que atormentado con los acerbos dolores de tu horroroso martirio que sufriste con la invicta paciencia de los más crueles tormentos, te ruego Santo mío glorioso, me comuniques aquella fe viva que abrigaba tu corazón, y ella me ayuda a salir victorioso de la aflicción en que me hallo.
Amén

- Vuélvase a hacer la petición con fe y confianza

Día Segundo
Abogado mío, San Lázaro, por la esperanza tan sublime, que abrigaba tu corazón de alcanzar la corona del martirio, y por aquel deseo vehemente de dar la vida por aquel que te la volvió a dar, después de haberla perdido, concédeme Santo glorioso la gracia que te pido, y si no me conviene dadme la paz y tranquilidad a mi alma para que espere resignada el cumplimiento de la voluntad divina:
Amén

- Vuélvase a hacer la petición con fe y confianza

Día tercero

Oh Bienaventurado Padre mío San Lázaro que ardiendo en el fuego de la caridad que te abrasaba, en el deseo de ganar almas para Jesucristo, ruégote, oh ilustre mártir, que animéis el celo en mi corazón para ardiendo en esa llama de la caridad ame a Dios hasta el sacrificio y reciba resignado todas las tribulaciones de la vida: rogándote me concedas la gracia que te pido en estos tres días.
Amén

- Vuélvase a hacer la petición con fe y confianza

Oración final

Omnipotente y misericordioso Dios, a quien amo con todo mi corazón y de quien espero el perdón de mis pecados. Te suplico humildemente por los meritos de tu siervo Lázaro, me concedas lo que deseo alcanzar en este triduo que con fe viva y confianza firme te pido, si es para tu mayor honra y gloria, y provecho de mi alma.
También os pido, Señor, por el aumento de nuestra Santa Madre la Iglesia y por todos los príncipes cristianos, especialmente por el que rige los destinos de nuestra querida Cuba.
También te pido por la conversión de los pecadores herejes y cismáticos, perseverancia de los justos y por las benditas almas del purgatorio.
Que por vuestro siervo Lázaro me concedáis benigno la gracia que os pido y de perseverar en nuestro santo servicio por los meritos de Jesucristo, Hijo tuyo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén

Oración para la salud de un enfermo

Todopoderoso y sempiterno Dios, que por los meritos y por la intercesión del bienaventurado Lázaro preservas a los que le invocan de toda clase de enfermedades, tanto corporales como espirituales.
Dígnate conceder a nuestros ruegos que todos aquellos que llenos de confianza en tu misericordia te suplicaren los preserves de todo mal, como de todo lo que pueda turbar su quietud, por nuestro Señor Jesucristo que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén

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