viernes, 22 de enero de 2010

Para responder a algunas objeciones contra el Primado Romano


Punto 1. Sobre los padres de la Iglesia y el Primado romano

Respecto a la opinión de los padres de la Iglesia y el Primado romano argumenta:

“Las afirmaciones a priori del "magisterio de la iglesia" no son prueba de que Mt 16, 18 es un texto que señala que a Pedro se le confirió un Primado que heredó el papa. Los santos padres también se prestan, como la Escritura (por eso cada secta tiene una diferente interpretación sobre la Escritura), a subjetivas interpretaciones.”
Rafael Parra


El problema de esta desafortunada objeción radica en que los testimonios patrísticos a favor del Primado son tantos y tan explícitos que no se hace posible tomar esta objeción en serio. Un estudio detallado de esto lo he publicado en Mateo 16,18 y los padres de la Iglesia. Es oportuno también recordar la proclamación solemne que se dio en el Concilio Ecuménico de Éfeso.

“A nadie es dudoso, antes bien, por todos los siglos fue conocido que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de manos de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor de género humano, y a él le ha sido dada potestad de atar y desatar los pecados; y él, en sus sucesores, vive y juzga hasta el presente y siempre”
Concilio de Efeso, 431. Discurso de Felipe, Legado del Romano Pontífice, en la sesión III


Palabras en un Concilio repleto de obispos orientales ante esta solemne declaración de la primacía petrina no dijeron ni pio.

Punto 2. Sobre el canon 28 del Concilio Ecuménico de Calcedonia

Con la aprobación del concilio al canon 28 del Concilio de Calcedonia en ausencia de los legados papales se intentaba dar a Constantinopla el segundo lugar después de Roma en base a su nuevo estatus de ciudad imperial. Un extracto del canon dice:

"…Los padres han acordado que la nueva Roma, honrada (por la residencia) del emperador y del senado y gozando de los mismos privilegios que la antigua ciudad imperial, debe tener las mismas ventajas en el orden eclesiástico y ser la segunda después de ella..." Hefele-Leclerq "Histoire des Conciles" t. II b, p. 815


Ante la claridad del canon en donde se intentaba dar a Constantinopla el segundo lugar luego de Roma, este individuo persiste en afirmar que el segundo lugar se refería “posiblemente” a cuestiones políticas, pero que en cuestiones eclesiásticas se le estaba dando el mismo lugar que a Roma. Este argumento resulta también bastante desafortunado. Basta leer el canon para darse cuenta de que de forma explícita se habla de que este segundo lugar es en materias de orden eclesiástico.

Hay que notar sin embargo, que las razones por las cuales se intentaba dar a Constantinopla este segundo lugar si eran meramente políticas (por ser la ciudad imperial) a diferencia de la primacía de Roma que radicaba en ser la sede del apóstol Pedro.

Sin embargo, para justificar su argumento cita al sacerdote jesuita Wilhelm De Vries:

“Tú quieres dar a entender que unánimemente los autores católicos interpretan que ese "segundo lugar" es eclesiástico" y no político, pero no es cierto, Wilhelm De Vries y Ángel Santos, jesuitas "católicos", reconocían en las décadas de los cincuentas y sesentas que el canon XXVIII le daba el mismo grado eclesial a Roma y a Constantinopla. ¿Cómo demostrarás que sólo tu interpretación es la correcta?"

"...te haces pendejo y no quieres leer a Wilhelm De Vries ni porque te lo puse "on line" ..., ya que se ve que nomás te la pasas ---CENSURADO--- y te da pereza ir a alguna biblioteca a buscar esa y otra obra que te mencioné (por cierto: la pereza no es también un "pecado", y "capital", para la tu sectucha "católica")."
Rafael Parra .


Antes de todo es importante aclarar que yo nunca he pretendido decir que los eruditos católicos interpretan de forma unánime absolutamente nada. Existen suficientes teólogos católicos heterodoxos como para yo pretender que haya unanimidad entre teólogos inclusive en los dogmas más fundamentales de la fe cristiana. Basta buscar un poquito para ver incluso a “teólogos” negando hasta la divinidad de Cristo y la realidad de la resurrección.

Lo cierto es que independientemente de que algún teólogo católico pretenda ver que el canon 28 de este Concilio daba el mismo lugar a Constantinopla que a Roma, lo cierto es que:

Primero: El mismo Concilio de Calcedonia en pleno reconoce al Papa como cabeza de la Iglesia y hasta el patriarca de Constantinopla que sin la aprobación del Papa el canon 28 carece de validez.

La carta del Concilio en pleno al Papa solicitándole la aprobación del canon 28 es bastante explícita:

"Nosotros te pedimos que te dignes dar tu confirmación a esta decisión y así como nosotros nos sometemos a ti, que eres la cabeza, tenemos confianza en que la cabeza consentirá a los hijos lo que conviene." Inter Leonis Epist. XCVIII, PL LIV col. 960.


Y la del Patriarca de Constantinopla al Papa:

"En cuanto a esas cosas que el Concilio Universal de Calcedonia ordenó recientemente a favor de la iglesia de Constantinopla, permita Su Santidad estar seguro que no había ninguna falta en mí, quién desde mi juventud siempre he amado la paz y la quietud, manteniéndome en humildad. Fue el clero más reverendo de la Iglesia de Constantinopla quien estaba ávido de eso, y fueron ellos, apoyados igualmente por los sacerdotes de esos lugares quienes estuvieron de acuerdo con eso. Aun así la completa fuerza de confirmación de las actas estaba reservada para la autoridad de Su Beatitud. Por consiguiente, permita Su Santidad saber con toda seguridad que yo no hice nada que llevar más allá la situación..."
Patriarca Anatolio de Constantinopla al Papa León, Epístola 132


Para profundizar sobre estos y otros testimonios de la primacía petrina en el concilio de Calcedonia puede leer:

El canon 28 del Concilio de Calcedonia y la historia alternativa

Segundo: A pesar de que la postura que algún erudito jesuita pueda ser algo desacertada, en su misma obra hay suficientes comentarios como para no pretender endosársele un rechazo al Primado romano.

Hay que comenzar por señalar que el sacerdote jesuita citado incluso reprocha a Oriente el haber terminado negando el Primado del obispo de el cual califica de parte de la estructura esencial de la Iglesia querida por Dios.

“Sin embargo, es cierto que por parte de los griegos se acabó por negar el Primado del obispo de Roma, que forma parte de la estructura esencial de la Iglesia querida por Dios , aunque quizá contribuyera también a ello el hecho de que el Primado de derecho divino se presentaba a los griegos con aditamentos de derecho humano que fácilmente podían intimidarlos.”
Ortodoxia y Catolicismo, Wilhem de Vries, Editorial Herder 1967, pág. 16


También reconoce a Roma, como la sede del sucesor de Pedro:

“Ya hemos hablado de los destacados centros eclesiásticos de oriente. Esto nos da pie para hablar de otra diferencia muy importante entre oriente y occidente: en oriente había varias Iglesias principales que acabaron por convertirme en patriarcados, mientras que en occidente sólo existía un centro, Roma, sede del sucesor de Pedro y capital del imperio, que descollaba por encima de todo y al fin suprimió todas las autonomías locales. que también habían existido en occidente.”
Ortodoxia y Catolicismo, Wilhem de Vries, Editorial Herder 1967, pág. 19


Es oportuno también citar en su contexto a este sacerdote cuando afirma que a Constantinopla se le intentaba dar una posición “análoga” a la de Roma:

“A la nueva ciudad imperial de Constantinopla se confirió, por el canon 3 del primer concilio de Constantinopla y por el tan debatido canon 28 de Calcedonia, una posición singular análoga a la de la antigua Roma”
Ortodoxia y Catolicismo, Wilhem de Vries, Editorial Herder 1967, pág. 20


El mismo autor más adelante aclara que esta posición que él mismo llama “análoga” no pretende ser igual a la de Roma, que tenia la suprema potestad de jurisdicción de la Iglesia:

“Sin embargo, los derechos patriarcales no se entendieron ni siquiera por Roma -como ya hemos indicado -durante el primer milenio como una participación, otorgada por el papa, en la suprema potestad de jurisdicción de la Iglesia. En el patriarca hallamos más bien potestad episcopal en toda su plenitud, mientras que en los demás obispos subordinados del patriarcado está restringida en favor del patriarcado.

Las relaciones normales entre Roma y los patriarcas consistían sobre todo en que los papas y los patriarcas se informaban mutuamente de la elección mediante la llamada «carta sinodal», que contenía además una profesión de fe. Los papas respondían a tales escritos expresando su satisfacción por el resultado de la elección, otorgando su comunión al elegido y reconociéndolo implícitamente. Con razón se puede considerar esto como una confirmación, pues sin la comunión con Roma no podía el patriarca ejercer legítimamente su función….

“Roma era reconocida en general como el centro decisivo de la comunión eclesiástica. Así, aquel a quien Roma otorgaba la comunión pertenecía a la Iglesia Universal y aquel a quien se Ia rehusaba, estaba fuera de su comunión. El obispo de Roma era considerado además como el guardián supremo de la verdadera fe. En lo demás, los patriarcas orientales gozaban de muy extensa autonomía. Sólo rarísimas veces se mezclaba Roma en cuestiones disciplinarias; a las autoridades orientales dejaba además Ia libertad de organizar la liturgia y constituir el derecho canónico”
Ortodoxia y Catolicismo, Wilhem de Vries, Editorial Herder 1967, pág. 23


Bastan estos textos, para que este individuo se dé con una piedra en los dientes, dado que en varias ocasiones ha afirmado que la Iglesia Católica es una secta porque se separo de la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, el mismo autor que cita es quien afirma que quien se separa de Roma es quien no pertenece a la Iglesia.

Nota: No cito los argumentos textuales del individuo en cuestión, porque no pasan el filtro de la censura, por ejemplo, cuando intenta descalificar como secta a la Iglesia católica por el cisma de Oriente lo hace con estas palabras:

“¿Cómo estás piraña del Amazonas?, aunque no te guste tu "iglesucha católica" es una secta en doble forma: es secta judía porque se separó del judaísmo y es secta cristiana porque se separó de la iglesia bizantina en el siglo XI. Pa' que te ilustres en historia borrico te mando de nuevo el enlace para que descargues el libro escaneado de Wilhelm De Vries que da información para desmentir las pendejadas que predican "apolo-jetas" como tú…Suerte imbécil. Tu "predicación" es puro disimulo mejor hazla rollito y te la ---CENSURADO---"
Rafael Parra
.


Ya sé que luego de leer comentarios como este los lectores estarán pensando qué demonios hago dedicando tiempo a responder a un individuo que se expresa de este modo (y de otros mucho peores). Vuelvo a aclarar que normalmente no lo haría, pero como se ha citado a un sacerdote jesuita he querido hacerlo.

Volviendo a lo que los eruditos e historiadores entienden de lo acaecido en el Concilio de Calcedonia, es oportuno citar a José Orlandis, catedrático e historiador:

“El concilio de Calcedonia, símbolo de la actitud griega ante el Primado papal

Pocos años después del sínodo de Éfeso, el concilio de Calcedonia dio pie a que se definiera con claridad la postura del Oriente griego frente al Primado papal. El «sínodo de ladrones» o «latrocinio» de Éfeso, denominado por el ambicioso patriarca Dióscuro de Alejandría, había impuesto la doctrina monofisita, según la cual no podía hablarse más que de una naturaleza en Cristo, la divina. Los oponentes a esta doctrina, con el patriarca Flaviano de Constantinopla a la cabeza, fueron removidos de sus sedes y, como ocurrió en tantas ocasiones, los obispos orientales, tan dispuestos a defender su autonomía mientras pensaban que no tenían necesidad de Roma, reclamaron una vez más la intervención del papa, cuando les llegó la hora de la adversidad.

La muerte del emperador Teodosio II, sucedido en el trono por la emperatriz Pulqueria y su esposo Marciano, hizo posible que la petición de convocatoria de un concilio general, hecha por el papa León Magno, fuera escuchada por los nuevos soberanos. El concilio de reunió en Calcedonia el 8 de octubre de 451, y en la segunda sesión –el día 10- fue leída la epístola dogmática enviada por León al patriarca Flaviano, definiendo, frente a los errores monofisitas y nestorianos, la doctrina de Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, una sola persona con dos naturalezas, humana y divina, unidas, pero no confundidas. El papa obtuvo una victoria rotunda en el plano dogmático; tras oír su carta, el concilio prorrumpió en aclamaciones entusiastas a la doctrina de fe expuesta por León: «і Ésta es la fe de los padres, ésta es la fe de los Apóstoles!... і Pedro ha hablado por boca de León!». La idea del Apóstol Pedro, viviente y operante en la Sede romana tuvo en el concilio una clamorosa expresión.

Pero si el concilio de Calcedonia significó un luminoso reconocimiento del Primado romano en el terreno dogmático, si se proclamó por Oriente que la fe del Papa era el criterio seguro de la fe de Pedro, el mismo concilio, en su famoso canon 28, dejaba constancia de que era muy otra la actitud oriental como respecto al poder de jurisdicción del poder del obispo de Roma. El canon, votado en ausencia de los legados pontificios dispuso la precedencia del obispo de la ciudad imperial sobre los patriarcas de las grandes sedes Apostólicas de Oriente, lo que significaba la elevación de Constantinopla al segundo lugar en la jerarquía de la Iglesia universal; pero el canon sometía además a la jurisdicción eclesiástica de la «nueva Roma» todos los territorios orientales no dependientes de las sedes de Alejandría, Antioquia y Jerusalén, y las tierras que en adelante se cristianizaran en virtud de la acción misional.

¿Constituía este canon 28 un ataque contra el Primado Romano? Dvornik –buen conocedor del problema- sostuvo que no. Según el, la intención habría sido oponerse a las pretensiones hegemónicas de los obispos de Alejandría. En cualquier caso, los legados al tener noticia de la aprobación casi por sorpresa de este canon elevaron una enérgica protesta, viéndolo como un peligro para la unidad de la Iglesia y quizá para el Primado pues no se hacía en él ninguna referencia de carácter apostólico y petrino de la Sede romana. El Papa León Magno rehusó confirmarlo, porque alteraba substancialmente el status quo eclesiástico existente y la extraordinaria elevación de Constantinopla –que no era sede apostólica- se fundaba tan solo en la razón político-temporal de ser la nueva capital del Imperio.
El pontificado romano en la historia, José Orlandis, pag. 61-63


Punto 3. Santiago ¿Jefe supremo de la Iglesia?

Otro disparatado argumento con el que intenta embasurar los comentarios del blog es este:

“Sanct Pablo en su "Carta a los gálatas" menciona que la iglesia de su tiempo se dividía en dos partes: la de los circuncisos (es como dice en el texto griego, los "católicos" a veces distorcionan las traducciones y dicen "iglesia de los hebreos") gobernada por Sanctiago, Kefas (Pedro en segundo lugar) e Juan, y la de los incircuncisos cuyo mayor Apóstol era el mismo Pavlos. No obstante Pavlos mismo reconoce que Pedro tenía el honor de ser el apóstol más importante de los circuncisos como él lo venía a ser de los incircuncisos, lo que no significa que fuese el jerarca absoluto de aquellos cristianos. El hecho de que Pedro se amilanase frente a los enviados de Sanctiago en el "incidente de Antioquia", narrado en la "Carta a los gálatas", e que Pavlos mencione a sanctiago antes que a Kefas o Pedro, en la misma epístola, deja entrever que Sanctigo tenía mayor jerarquía que Kefas, e según la tradición ortodoxa Sanctiago hermano del Señor fue obispo de Jerusalem e no Pedro”
Rafael Parra


La objeción de que Santiago tuviera mayor jerarquía que Pedro por ser obispo de Jerusalén es refutada casualmente por un patriarca de Constantinopla:

“Y si alguien dijera ¿Como Santiago recibió la silla de Jerusalén?, le respondería que él comisionó a Pedro como maestro no de una silla, sino del mundo…”
Crisóstomo (Chrysostom, on John, Homily 88, Migne PG 59:478, Giles page 164)

“En el Reino, por lo tanto, el honor no fue igual, ni fueron iguales todos los discípulos, sino los tres que estuvieron sobre el resto, y sobre estos tres también había una gran diferencia…y todos fueron apóstoles, todos se sentarán sobre doce tronos, y todos dejaran sus posesiones, y todos estarán con Cristo, y todavía él seleccionó esos tres. Y, de nuevo, entre los tres, él dijo que alguien debía sobresalir. Para, «sentarse en mi mano derecha y mi izquierda», dijo, «no está en mi darlo, sino a aquel para quien está preparado». Y él colocó a Pedro antes de ellos diciendo: «¿Me amas más que estos? » Y a Juan lo amó más que el resto…”
Chrysostom (Hom 32, in Rom 4, vol IX, 672[750])

“Después de que una grave caída (ya que no hay pecado igual a la negación), después de un pecado tan grande, Él lo trajo de vuelta a su antiguo honor y le confió la jefatura de la Iglesia universal, y, más que todo, él nos mostró que él tenía un mayor amor por su maestro que cualquiera de los otros apóstoles, porque fue dicho de él: ‘Pedro, ¿Me amás más que estos?”
Crisóstomo (Hom 5 de Poen 2, vol II, 308[311])


El incidente de Antioquia más que un argumento en contra del Primado es por el contrario una evidencia del mismo. Si alguien desea leer una refutación completa a esta objeción le recomiendo leer:

El primado de Pedro en la carta a los Gálatas, por J. M. Bover

Conclusión

Con esto termino de analizar lo más relevante de las objeciones que este individuo envía de forma compulsiva a mi blog y a apologeticacatolica.org. No pretendo dedicarle más tiempo, tampoco pretendo recibir comentario alguno de este individuo en ninguno de mis blog, por lo que lo he moderado temporalmente para solo recibir los comentarios de mis lectores habituales. Quienes deseen leer lo que este individuo tenga que decir puede leerlo en su blog Ortodoxia y Catolicismo, y así le hace la caridad de aumentar el número de sus lectores, el cual la última vez que revisé ascendía a la cuantiosa suma de 1 (debe ser por eso que se afana tanto en escribir aquí).
Publicado por José Miguel Arráiz en http://apolmundo.blogspot.com

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